Los cómics resucitan la música, a su manera

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por Tata |
A lo largo del año 2018 se han publicado numerosos cómics que ponen el foco en la música, ya sea de una época, como Phonogram, de un grupo, como los Beatles, o de algún cantante icónico que sigue vivo a través de su música y, ahora, a través de las viñetas, como Jim Morrison, David Bowie o Freddie Mercury. Teniendo en cuenta que, en parte, es la sociedad la que decide qué es “genial”, qué permanece en la memoria y qué se queda en el olvido, la edición de estos cómics es un indicador de qué o quién ha calado en el público, quién sigue contando con fans ávidos de recrearse en sus vidas o, nostálgicamente, recordar su música.


En el caso de las biografías, en todos los casos existe un consenso sobre que se trata de artistas que marcaron una época, que destacaron entre sus contemporáneos y se hicieron un hueco en la historia de la música. Lo difícil es concretar qué les hizo diferentes, dónde está la clave de su éxito o qué tenían de especial sus canciones.

Al final, los genios se perciben igual que los marginados, como personas con características especiales que las sitúan fuera de la sociedad. Y si hay un personaje percibido como excéntrico y rodeado de polémica, tanto en su vida, como en su muerte, fue Jim Morrison. Poeta de vocación, escribía sobre la muerte recurrentemente, influenciado por los escritores "malditos", por Nietzsche, Kerouac, Baudelaire o William Blake. Fue la necesidad de difundir su poesía la que le acercó a la música, hasta que terminó formando The Doors con Manzarek y la que le hizo abandonar el grupo en pleno éxito, para volver a su “poesía del caos”. Pero la sombra del alcoholismo, el LSD o el peyotl le seguiría hasta París, donde murió a los 27 años en circunstancias nunca aclaradas. Siempre improvisando, provocando, rodeado de escándalos… su música, su vida y su poesía son el legado del genio ahora convertido en viñetas por el periodista Frédéric Bertocchini y dibujado por Jef.

Decidirse por unos protagonistas tan complejos, tan conocidos o, más bien, tan idolatrados, es un trabajo que exige mucha responsabilidad, porque lo leerán admiradores que ya lo saben casi todo de sus ídolos. Los cómics están dirigidos en primer lugar a sus fans, a los que esperan conocer cada detalle, recrearse en la vida de sus cantantes preferidos, en la que siempre se lleva uno alguna sorpresa. Pero el verdadero mérito radica en hacer unas páginas interesantes para aquéllos que desconocen o tienen solo un mínimo interés en el artista, que valoran además, los aspectos artísticos, el rigor, la verosimilitud de la obra, y que anime, además, a escuchar su música, ya con conocimiento. Esto ocurre, por ejemplo, con el elegante cómic de Freddie Mercury. Una biografía.

En esta biografía ilustrada Alfonso Casas recrea la vida de esta estrella del rock, desde Tanzania, donde nació, hasta Reino Unido, donde murió. Es el autor del libro quien, a través de su trabajo, propone toda una revisión del líder de Queen como persona y como personaje, apostando por la exhaustividad pero sin cansar, dando pinceladas que recomponen la trayectoria de Freddie Mercury hasta alzarse en lo más alto de su carrera, acompañado de una gran riqueza visual que sumergen al lector en la magia de Queen.

En el caso de La historia de Los Beatles, el gancho para los no adictos a la banda lo constituye quizás más el apartado gráfico, mientras que para los beatlemaníacos, será la recopilación de las páginas publicadas en la revista juvenil inglesa Look-In en los años 80. Esto le aporta un tono documental y periodístico, con unos dibujos y una composición muy precisa. El lector, a través de las viñetas, es testigo de la vida y obra de estos artistas que revolucionaron para siempre el panorama musical mundial.


Arthur Ranson y Angus Allan reconstruyen el vertiginoso ascenso al éxito de la banda de Liverpool, desde sus inicios al Let it Be, los números uno en las listas de éxitos y la conquista del mundo entero con su música. Un relato todo lo documentado que puede ser una leyenda.
Todos los cómics tienen en común también ser un homenaje, una aportación más a la mito, que quizá no busca ser la definitiva, pero sí una respetuosa y bien trabajada biografía con unos dibujos creativos y que encajen con la imagen que casi todos podemos tener del artista en nuestra memoria. Porque prácticamente en ningún caso es el primer cómic que se ha publicado sobre estos artistas, lo que constituye un reto para los autores, obligados a buscar un nuevo enfoque o aportar nuevos datos.

En el caso de Bowie, el estilo es totalmente distinto al de los Beatles, alejado del tono documental. Su biografía mezcla realidad y ficción: resume los principales hechos de su vida pública y privada, así como sus discos y alguna de sus canciones, sin dejar de acudir en algunos momentos a la fantasía, algo que tampoco choca excesivamente con el universo que creó a lo largo de sus 69 años. Podría calificarse de “novela” con tintes de ciencia ficción, de biografía ilustrada, que combina pasajes de la vida de Bowie con elementos fantásticos en consonancia con este personaje polifacético y carismático, excelente músico de estilo extravagante y camaleónico. María Hesse, que se dio a conocer con otro libro similar en el que recreaba en dibujos la vida de Frida Kahlo, deja su impronta en la parte visual, tan personal y reconocible, de gran atractivo para el lector.


En el caso de estos artistas, gigantes del mundo de la cultura, iconos para una generación, se trata de personajes polifacéticos, con lo que los cómics se nutren además de muchos otros libros, películas, discos y canciones, con lo que está implícita la invitación a seguir rastreando, volviendo a escuchar o volviendo a ver. En el caso de Johnny Cash, se han editado este año, además del cómic, dos libros: una minuciosa biografía a cargo de Robert Hilburn y El hombre de blanco, escrito por él mismo, sobre san Pablo, lo que nos revela una faceta, quizá menos conocida del artista, que son sus inquietudes religiosas. Reinhard Kleist, que también ha trabajado sobre otro mito de la música, Nick Cave, aborda la vida de Cash partiendo del mítico concierto en la Prisión de Folsom para explorar la compleja personalidad del carismático y rebelde Hombre de Negro, que pasa por la música country, góspel y rock and roll, pero también la adicción a las drogas o los líos de faldas y por unos grandes esfuerzos por difundir el cristianismo.

También íntimamente relacionado con un audiovisual nos llega The Beatles: Yellow Submarine, que es una adaptación a viñetas de la película de animación del mismo título que celebra su 50º Aniversario. Bill Morrison ha redibujado una bonita adaptación a todo color de la adaptación animada de noventa minutos que realizara a finales de los sesenta George Dunnig, basada a su vez en la canción compuesta por Paul McCartney y cantada por Ringo Starr. Es una obra visualmente muy llamativa, que mantiene el colorido y espíritu original de la película. También a propósito de Jim Morrison se puede revisionar la película que hizo del grupo Oliver Stone “The doors” de 1991 o la película-documental When you're strange.


Otros proyectos más ambiciosos apuestan no sólo por una biografía, sino por plasmar el espíritu de una época, en particular Phonogram, elaborado a base de referencias a la cultura pop, de la década de la 90 del siglo XX, en que se vivió una auténtica explosión de bandas y dieron lugar al Britpop. Por un lado, es una buena oportunidad para los que no vivieron aquella época o los interesados en la historia del rock británico, dado que la trama está construida a base de guiños a los grupos del período, como Pulp, Suede, los Manic, Blur, Ash o Catatonia. Pero, por otro, el paso del tiempo ha restado brillo a esa época dorada y quizá ha perdido algo de interés para los nuevos lectores.

En el sentido opuesto, Belzebubs, que empezó como una tira online, se ha terminado convirtiendo en una banda real que cuenta incluso con un videoclip, con dibujos del propio Ahonen. Las páginas del cómic son una recopilación de las tiras publicadas en Internet sobre una familia algo especial. Sløth y Lucyfer, que han llamado a sus hijos Lilith y Leviatán. Pero, aparte de su faceta de black metal, tienen los mismos problemas y preocupaciones que cualquier otra familia. Un enfoque original y divertido que combina conocimientos de mundo metal con mucha ironía y ganas de reírse de uno mismo, ejercicio que siempre viene bien.
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