Reseña de Space riders

por Joe Runner | 15 de enero de 2021
Todos tenemos ciertos gustos o filias que, si nos ponemos a analizarlas fríamente, tienen un origen en algún momento de nuestra infancia o juventud. O a la hora de comenzar en algún tipo de arte o deporte. Siempre tenemos un primer referente que marcó un antes y un después, amén de que luego el gusto vaya evolucionando a diferentes campos y que no siempre siga el patrón establecido desde un principio. Hay ocasiones en el que una buena base es tan importante como el resto de cosas que vendrán a posteriori y es patente en el trabajo de muchos artistas y escritores, centrándonos más en el tema comiquero. En mi caso personal, mi primer cómic americano fue Máquina Vital del rey Jack Kirby (que más tarde se conocería como Machine Man u Hombre Máquina), lo que terminó acercándome a su basto imaginario espacial con el paso de los años. Esa manera de narrar historias muy complejas a mamporros, ese arte barroco sobrecargado y lleno de ángulos imposibles y ese ambiente tan mágico que lo alejaban de la ciencia ficción clásica, se quedó impregnado por siempre en mi retina y mi corazón. Así que no es de extrañar que hoy venga a hablaros de una obra que mama directamente de todo esto: Space Riders.

El cómic nos transporta a un universo densamente poblado por todo tipo de seres, bandas de delincuentes, monstruos y dioses que se dedican a pulular por el cosmos sin ningún tipo de control ni orden establecido. Ahí entran en juego los Space Riders, un grupo de policías espaciales que se dedican a impartir justicia a base de mamporro y cañonazo para dejar claro que ellos son la auténtica ley universal, siendo uno de sus representantes más sanguinarios y peligrosos el Capitán Peligro. En su equipo cuenta con la ayuda de sus compañeros Yara, una robot con mala uva y Mono, un babuino antropomorfo con malas pulgas. Todos juntos surcan el espacio con su nave Santa Muerte y creedme cuando os digo que no piensan rendirse ante cualquier amenaza, aunque esta sea la representación del mismo apocalipsis…

Sin haber leído muchas cosas de Fabian Rangel Jr. se puede vislumbrar que es un tipo al que le gusta escribir guiones porque le flipan los cómics. Sus obras están llenas de referencias a clásicos o autores emblemáticos del noveno arte que se convierten en pequeños tributos a éstos y que se nota están realizados con todo el amor posible. Es por ello que siempre escribe buenos cómics, sin ser excesivamente increíbles ni buscando cambiar el paradigma del noveno arte. En Space Riders hace más de lo mismo: escribe un guión kirbyniano de forma muy resultona, enganchando a los aficionados al rey sin necesidad de inventar nada nuevo. Sabe interpretar a la perfección los caracteres de villanos que representan la pura maldad y a protagonistas que son más antihéroes que otra cosa, teniendo unos valores tan marcados como radicales. Una space opera macarra que no busca nada más que entretener al lector a base de mamporros y acción. ¡Y vaya si lo consigue!


Pero no nos engañemos, si quieres crear una obra al más puro estilo Kirby necesitas a un artista que esté a la altura y creed que no vale cualquiera, quizá por eso mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he descubierto el arte de Alexis Ziritt. Su dibujo rudo de trazo grueso, imperfecto, casi cubista y lleno de colores psicodélicos es una auténtica gozada visual que, en ocasiones, no precisa de texto para comprender qué está sucediendo. Incluso sucede lo contrario: que pese al texto, no sabes muy bien qué carajos estás viendo. Y eso está bien. Pero que muy bien. La obra rezuma conceptos underground en su faceta visual y es un clásico entre clásicos en cuanto a su guion, generando esa dicotomía que lo convierte en un título tan especial.

En cuanto a la edición de Gigamesh, no tengo nada malo que decir. Se trata de dos tomos cuidados de tapa dura, con un gramaje y calidad de papel muy buenos y una elección de cubiertas sublime, especialmente la del segundo tomo. Hay que apoyar siempre este tipo de apuestas tan arriesgadas en nuestro mercado y, de paso, a autores que no gozan del apoyo y el reconocimiento internacional que merecen. Siempre aplaudiré a las editoriales españolas que traen obras publicadas en sellos sin tanta tirada como es el caso de Black Mask, la cual tiene un origen tan curioso como loable. Ha sido mi primera lectura para este 2021 y creo que no podía empezar de la mejor manera: con mamporros, amenazas cósmicas y mucha mala baba. Espero que no sea un augurio...
Reseña realizada por Joe Runner
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